Cumbre de ministros de Bolonia en París. ¡A por ello!, por Andreas Keller

¡Qué ironía! Hace 50 años, en mayo de 1968, los estudiantes de París iban a las barricadas y aspiraban a conseguir una revolución social; de este modo, iniciaron una reforma muy esperada de la educación superior que se extendió en última instancia por casi toda Europa. Hoy en día, en mayo de 2018, los ministros responsables de la educación superior de 48 países miembros del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se reúnen en ese mismo lugar para debatir sobre cómo afrontar el Proceso de Bolonia, que se puso en marcha en París hace 20 años, en mayo de 1998, con la adopción de la Declaración de La Sorbona.

Hay mucho en juego en la cumbre de ministros de París. Por una parte, los ministros tienen que comprobar hasta qué punto se están cumpliendo los objetivos del Proceso de Bolonia en los 48 países del EEES, el sistema de 2 ciclos en los programas de estudios, la cooperación para la calidad o el fomento de la movilidad. Además, tendrán que decidir si los compromisos adquiridos en las anteriores cumbres ministeriales siguen sin ser vinculantes para los países o si estos se cumplirán y, por tanto, se penalizará a los gobiernos que no los respeten. La IE/CSEE apoya la idea de reforzar el carácter vinculante de los compromisos, pero no está de acuerdo con imponer sanciones a los países que no logren cumplir con todos los objetivos todavía. Por el contrario, los países con experiencia y agentes interesados deberían animar y dar apoyo a los países más reacios.

La IE/CSEE también aboga por que los países del EEES pongan en práctica los objetivos de Bolonia que se han desatendido, como la dimensión social del EEES, que ya se incluyó en la agenda de Bolonia en el año 2001 en Praga. A medida que la población de los países europeos gana en diversidad, la educación superior ha de ser más inclusiva. En concreto, se debe apoyar a los alumnos y alumnas que provienen de diversos entornos. Por lo tanto, se tienen que mejorar los sistemas de apoyo financiero. Además, necesitamos un ratio docente-estudiantes más bajo para permitir a los primeros desarrollar un método de aprendizaje centrado en los/las alumnos/as.

Los ministros que se reúnan en París no solo tendrán que verificar el cumplimiento de los compromisos previos; la agenda de la cumbre también incluye debates sobre posibles nuevos objetivos del Proceso de Bolonia. Un aspecto crucial y especialmente importante para la IE/CSEE es la mejora en el apoyo a los/as docentes, que tienen que enfrentarse a retos nuevos y complejos en la educación superior, como un alumnado cada vez mayor en cuanto a número y diversidad o la digitalización de la educación, la sociedad y la economía. Por tanto, necesitan más y mejor apoyo, porque la enseñanza de calidad se basa en contar con docentes altamente cualificados y motivados.

Una docencia de calidad solo puede mantenerse si existe un estado adecuado de la enseñanza y el aprendizaje, incluidos términos y condiciones laborales decentes; necesitamos empleos fijos y planes de carrera interesantes. Según un estudio de Marie Clarke encargado por la IE, en 2015 casi la mitad (un 48 %) de los y las académicos/as encuestados/as en nueve países europeos no contaban con contratos permanentes. El informe Eurydice de 2017 sobre personal académico también confirmó que la seguridad laboral no es habitual en este ámbito. El estatus y el reconocimiento de los docentes deben mejorarse. Los profesores y profesoras tienen que contar con mejores métodos y herramientas pedagógicas para cumplir con los requisitos en cuanto a desarrollos humanos y digitales en las sociedades actuales y futuras. Además, deben tener derecho a un desarrollo profesional relevante y continuo.

Para hacer frente a todos estos retos necesitamos un aumento en la inversión pública en educación superior y en la investigación. Las sociedades democráticas precisan de instituciones de investigación y educación superior gratuitas e independientes. La IE/CSEE urge a los ministros de París a comprometerse con un aumento en la financiación pública para garantizar la calidad y equidad para todo el alumnado, así como autonomía y libertad académica para los docentes y sus instituciones. La educación superior no es una mercancía y no debería estar a la venta. Por tanto, no solo nos toca impedir que los ministros mercantilicen y comercialicen aún más la educación superior, sino también revertir la situación de mercantilización y comercialización y conseguir que la educación superior vuelva a ser un auténtico bien público.

En la situación política que atraviesa Europa actualmente, la educación superior desempeña un papel fundamental para contribuir a la resolución de problemas actuales y futuros, como la crisis económica y financiera en curso, las desigualdades sociales y educativas, los cambios demográficos, los nuevos patrones migratorios, incluidas las migraciones forzadas de refugiados/as,  las tendencias hacia la desintegración de la Unión Europea, el extremismo y la xenofobia, el anti intelectualismo y los movimientos políticos autoritarios. Por tanto, la ciudadanía activa tiene que integrarse como uno de los objetivos principales de la educación superior. Las instituciones de educación superior han de mejorar la capacidad de los estudiantes  ser ciudadanos y ciudadanas activos/as, críticos/as y responsables. Se supone que deben contribuir para mantener la participación democrática y la dirección colegial en casos en los que los estudiantes y el personal desempeñan un papel fundamental en los procesos de toma de decisiones en el ámbito de instituciones, facultades y departamentos.

El requisito previo para contar con una ciudadanía activa de estudiantes y académicos se basa en el pensamiento crítico y en la libertad académica, que experimentan cada vez una presión mayor en ciertas zonas del EEES. El ataque más significativo tiene lugar en Turquía, uno de los 48 países miembros del EEES, donde miles de académicos y personal administrativo han sido despedidos de sus puestos de trabajo y cientos de docentes y estudiantes han sufrido detenciones y condenas por el mero hecho de haber criticado al gobierno o apoyado una petición de paz para las regiones kurdas de Turquía. Se supone que los ministros deben denunciar las violaciones de la libertad académica o de otros valores fundamentales del EEES, como la independencia institucional o la dirección colegial.

Medio siglo después de lo sucedido en Mayo del 68, esperamos con ganas otro evento en mayo que podría generar un impacto significativo en el futuro desarrollo de la educación superior en Europa. Pero algo ha cambiado: los alumnos y los académicos no tendrán que volver a las barricadas, cuentan con el reconocimiento de los dirigentes, y sus representantes podrán participar e intervenir en la cumbre de ministros. ¡A por ello! ¡La Internacional de la Educación va a estar muy presente en la cumbre de ministros de París!

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